Publicidad:
La Coctelera

EL MUNDO DE LAS QUIMERAS

Escribo contigo... Escribes conmigo.... Escribamos juntos...

26 Junio 2007

FLOR DE OTOÑO... Relato publicado en el libro "Instantes Magicos"


Esta historia esta adaptada a un guión de cortometraje que me gustaría un día poder rodar...

Estaba, aquella noche de lluvia y frío, sentada en mi sofá favorito, mientras la pobre mamá digería su cuenco de palomitas preparada para el último capítulo de la telenovela china "Flor de otoño", devorando las páginas de aquel best-seller que colapsó medio mundo. Y recordaba y recuerdo aún a aquel imbécil con el que compartí mi vida tantos años. Recuerdo aún sus llantos y sus plegarias, no me abandones, no me dejes. Recuerdo aún sus torturas mentales cuando intentó tantas veces acercarse de nuevo a mí, hasta que un día ¡puf! se desvaneció para siempre. Seguramente que ahora, desde allá abajo, desde las capas más bajas del infierno, estará diciéndome, me alegro de haber muerto por ti princesa. Pero gracias a dios, se esfumó para siempre de nuestras vidas. De la mía y de la de aquellos que le soportaban día a día. Gracias a mí me lo quité de en medio y le mandé donde quería. ¡Sólo me quedaba tener que soportarlo también aquí arriba!

Lo cierto es que Boris, una noche de invierno, mientras regresaba a su casa por las callejuelas del centro de la ciudad, se imaginó que apostado en la esquina de una estrecha calle, había alguien. Pero no se imaginó una sombra desdibujada cualquiera, no, concibió a aquella figura con todos sus detalles: metro setenta y ocho, unos setenta y cinco kilos, moreno, nariz aguileña, con vestimenta un poco estrefalaria, de esas que siempre criticaba mi madre de una manera tan grotesca, hija mía mira que tío más dejao, mira que cambiar a Boris por ese tipo. Pero mi madre es una vieja que siempre andaba con la cabeza en otra parte. Una clásica de esas que casi todo lo valoran por el porte y, claro, Boris, por tener, si es que tenía algo, era buen porte, hija mía con lo buen chico que parecía y siempre con su trajecito y su corbata a la última. ¿A la última de cuando, mamá, de los cuarenta? Pero mi madre no es la protagonista de esta historia, así que dejémosla descansar en paz, que a ella sí que dios la tiene que aguartar cerquita. Sí, Cristina, tú lo has dicho, pero tampoco había motivos para enviarle al purgatorio, mucho menos, al infierno. Pues como iba relatando, aquella noche de invierno, mientras Boris regresaba a su casa por las callejuelas del centro, ideó que allí estaba Paco, esperándole con no sé que malsana intención. Y claro, tenía que llover y hacer frío, y las calles tenían que estar desiertas. Al pasar junto a Paco, a quien en un principio no llegó a reconocer, al menos por su nombre, aunque sí por su descripción física, imaginó que le insultaba una y otra vez: "¡Cabrón! ¡Cabrón, olvídate de Cristina! ¡Mal nacido!". Creo que se acojonó, porque no le echó ninguna cuenta. Le miró de soslayo, un poco, como sin darle demasiada importancia, y siguió su camino, eso sí, aligerando un poco la marcha, por si acaso. Me lo imagino a él, relatando el suceso, como diciendo qué iba a hacer, si tenía cara de loco, un tio cuerdo no está a esas horas allí, bajo la lluvia, esperando que otro paso por su lado y comience a insultarlo. ¡Iluso! Así que continuó su camino y empezó a sentir cerca de sí el aliento de alguien que le perseguía a corta distancia. Hija mía, el chaval siempre fue un cagón, qué le vamos a hacer. Tan cerca le pareció que incluso su aliento le penetraba en su nuca, escuchando las mismas palabras que instantes antes le profería apostado en la esquina: "¡Cabrón! ¡Cabrón, olvídate de Cristina! ¡Mal nacido!". ¡Qué tendré que ver yo en toda esta historia! Salvo contarla, porque me hace gracia, y me imagino al desgraciado, tanto que puedo ser capaz de dar todo tipo de detalles, como si visionara una película o leyera una novela, como si ésta no fuera más que el relato de mi vida, que es la de todo el mundo a la vez. Pero conociendo a Boris como le conocía, tan peliculero como era, cualquier cosa pudo pasar aquella noche en la que yo, continuaba mi lectura de una novela de intriga, sí de esas en las que un tío apostado en una esquina esperaba a otro para perseguirle e insultarle e insuflarle toda su fetidez de aliento en el cogote, mientras llovía y llovía y no paraba de llover. Y hacía frío, claro. Allá, colgada en la pared, una foto en la que, hace tiempo, Paco, Boris, yo y no sé cuantas personas más éramos inmortalizados en nuestra última noche juntos. Boris ¡pobrecito mío! empezó a caminar más deprisa, a resoplar incluso, como diciéndome, ¡Cristina, sálvame por tu madre! Pero mamá, que era medio sorda y no se enteraba de nada mientras se tragaba el último capítulo de "Flor de otoño" no respondía a sus lamentos. Y yo, a lo mío, con la persecución de mi novela. Boris, volvió la cabeza para intentar convencerse de su ilusión, como queriendo que aquel tal Paco se hubiera aburrido y hubiera girado por alguna otra calle, hubiera desistido de su acoso. Pero no, era como una especie de acordeón, en el que por unos momentos parecía más lejos, por otro más cerca. A no más de cincuenta metros, tanto que hasta lograría reconocer en aquel rostro a alguien conocido, sí, quién será que me resulta tan familiar. Hasta pensaría en frenarse de golpe y preguntarle, oye yo a ti te conozco de algo. Pero hija mía, tu Boris siempre fue un cagón, pobrecillo, deja a los muertos en paz. Sí, mamá, tu también lo estás. Déjame contar que pierdo el hilo. Pero en vez de pararse y preguntarle, oye yo a ti te conozco de algo, tu eres fulanito de tal, aceleró el ritmo, seguro que ensimismado en uno de sus dobles pensamientos de toda la vida, estoy cagado de miedo y quién sera ese tipo que me resulta tan familiar. Pero allí seguía toda aquella farsa. Paco detrás de Boris, a pocos metros. Boris delante de Paco, a pocos metros también, desafortunadamente para él. Hasta se pudo imaginar que podía cerrar el paraguas, utilizarlo como instrumento de defensa en un momento determinado si se daba el caso. Cristina, hija mía, que no escucho bien la tele, y me pierdo todas las palabras de "Flor de invierno". Mamá, si estás muerta, para qué te interesa ahora saber de qué hablarán en "Flor de invierno". No se entera de nada la pobre. Pero jamás tuvo cojones para afrontar su vida, menos las dificultades de la pareja, mucho menos ahora que veía o creía ver su vida en peligro. Giraron a la izquierda, después a la derecha. Las calles permanecían vacías. Las diez de la noche en el reloj cucú del salón comedor. Llovía. Hacía frío. La mayor parte de la gente encerrada en casa saboreando el último capítulo de "Flor de otoño", mientras la otra mitad, devoraba con intensidad y emoción las últimas páginas de ese best-seller de intriga de moda, sí ese que os he contado al principio, de esos en los que un tío apostado en una esquina esperaba a otro para perseguirle e insultarle e insuflarle toda su fetidez de aliento en el cogote, mientras llovía y llovía y no paraba de llover, y hacía frío. Mientras, allá, colgada de la pared, una foto en la que, hace tiempo, Paco, Boris, yo y no sé cuantas personas más éramos inmortalizados en nuestra última noche juntos. Me río sólo de sentir sus palabras novelescas de aquel momento, cada vez era noche más cerrada, cada vez la calle estaba más solitaria, como introduciéndome en la boca de una bestia que me atraparía con sus enormes zarpas para devorarme en unos segundos tan sólo. Y seguía girando a izquierda y derecha por las callejuelas del centro de la ciudad de regreso a casa, la que, posiblemente debería estar cada vez más cerca, aunque el camino que me acercaba a ella todos los días a la misma hora, me resultaba hoy más interminable que nunca. Pero tan cerca le sentía que, en un momento determinado, creí que sus manos peludas, frías y rugosas, se aferraban de tal forma a mi cuello que pensé, este es el fin, devorado y englutido por la bestia. Cómo si no le hubiera conocido lo suficiente. Si además era lector empedernido de toda esa basura de intrigas y thriller psicológicos. Pobrecito, Cristina, no te metas más con él. Pero ahí seguía, corre que te corre, empapado de lluvia y de acojone, incapaz de ser un héroe, aunque fuese sólo de ficción y por una noche, y pararse para ensartar a aquel hijo de puta de Paco con la punta del paragua, como si fuese un pinchito moruno, para dejarle allí tendido, presto a ser devorado por los camiones de basura que, pocas horas más tarde, limpiarían la ciudad de todas las inmundicias del pasado más reciente. No, el seguía corriendo, con el rostro descompuesto. Incluso el vientre. Para qué negarlo. Implorando a su dios despertar de aquella pesadilla. Rogando que la pluma del escritor pusiese fin a aquella alucinación. Pidiéndome incluso, con lágrimas en los ojos que yo, Cristina Vazquez, cerrara de una puñetera vez aquel libro, para que sus sufrimientos dejaran de ser tales, entre otras cosas porque los personajes de ficción ideados para sufrir, dejan de hacerlo cuando nadie en el mundo abre la página donde la acción se desarrolla. Pero, a aquella hora de la noche, mientras mamá, como todas las mamás del mundo, en sus no sé cuantos idiomas posibles, derramaban cuanto llanto pudiera caberles en las bolsas de los ojos por culpa de aquella mierda de "Flor de Otoño", los hijos de todas las mamás del mundo, en sus no sé cuantos idiomas traducidos posibles, llegaban a la vez al final de aquella novela de intriga, sí de esas en las que un tío apostado en una esquina esperaba a otro para perseguirle e insultarle e insuflarle toda su fetidez de aliento en el cogote, mientras llovía y llovía y no paraba de llover, y hacía frío. Lo siento Boris, no tienes poder ninguno de convicción por mucho que me supliques desde la calle, ¡Cristina, por tu madre, sálvame! Deja a mamá tranquila, que está viendo "Flor de otoño", aunque no se entere de nada, aunque se vaya a morir mañana mismo. Y seguí escuchando el llanto de Boris, ¡Cristina, por tu madre, sálvame! y la respiración cada vez más entrecortada de Paco, ¡ah,ah,ah,ah! y los gritos de mamá, encorvada en su sofá de siempre, digeriendo aquel cuenco de palomitas. ¡Cristina, hija mía, que no me entero de nada! Mientras el frío era cada vez más intenso, la lluvia más persistente y el pánico de Boris, mi ex, cada vez más patente. Sobre todo cuando, en un momento determinado, entrando en la misma esquina de su calle, viendo algo de luz en su transtornado corazón, resbaló con sus suelas de goma contra el adoquinado de la calle, hasta quedar allí, tumbado, clavado contra el suelo como los disparados a bocajarro por la espalda, con el paraguas a un lado, destrozado por el impacto de la caída, seguro que intentando levantar algo la cabeza al cielo de la noche lluviosa de invierno, implorando a su dios, ya que yo no le echaba ninguna cuenta, ¡dios mío apiádate de mí!, o simplemente, diciéndole a su perseguidor, anda Paco, mátame de una puta vez. Pero no, ni imploró a dios nada, ni siquiera me llamó de nuevo, ni tampoco se dio por vencido ante aquel tenaz hostigador. Consiguió ponerse en pie de nuevo, abandonar allí su única arma posible, que hasta entonces no le había servido para nada, y continuar de nuevo a pesar de la sangre que le brotaba de su nariz, a pesar de sentir el cuerpo dolorido, sobre todo en las rodillas, a pesar de llevar agujereado el pantalón de pana que siempre utilizaba. Cristina, eso tiene arreglo, no te preocupes, yo mismo se lo coseré como tantas veces lo he hecho. Pero Boris demostró el pavor del que se sentía invadido para seguir corriendo, a pesar de que la angustia me devoraba y el corazón se me salía por la boca. Pensaría incluso, como si lo estuviera leyendo en las páginas últimas de este libro, morir en el portal de mi propia casa, estrangulado, acuchillado, disparado… por la espalda, a manos de un loco que no cesaba de gritar una y otra vez los mismos insultos: "¡Cabrón! ¡Cabrón, olvídate de Cristina! ¡Mal nacido!". Pero le dio tiempo a sacar las llaves del bolsillo, afortunadamente no se les habían caido durante la caída. Tampoco iba a tener tan mala suerte el pobre. Mamá, aunque no te enteres de nada, tú a lo tuyo. Consiguió incluso atinar con la cerradura, para abrir la puerta después y cerrarla tras de sí. Detrás del cristal de aquella puerta, la sombra reflejada de Paco, al que aún no había reconocido por su nombre, al otro lado. Allí se quedó un instante, como queriendo aguantar la puerta, como queriendo escuchar por última vez aquella voz conocida que le perseguía desde hacía rato por las callejuelas del centro de la ciudad y como se iba perdiendo poco a poco "¡Cccccaaaaabbbbrrón…………..!" Millones de personas, en cientos de idiomas posibles, se comían las uñas de la emoción de no poder parar aquel relato de intriga, mientras sus mamás, lloraban amargamente ante la tele al ver que Boris, el novio de toda la vida de Cristina, era abandonado por ésta por un tal Paco, en la telenovela china de moda en todas las televisiones del mundo: "Flor de otoño". Y Boris subió a casa, sin parar de pensar en aquel rostro tan conocido, en aquella voz tantas veces escuchada con anterioridad, al menos una noche de hace meses, una noche cualquiera de copas. Y allí, donde estaban todas las fotos en todos los salones del mundo, una, en la que, hace tiempo, Paco, Boris, yo y no sé cuantas personas más éramos inmortalizados en nuestra última noche juntos. Delante de Boris, él mismo, su ex Cristina y aquel hijo de puta de nariz aguileña que le había robado a su novia. De repente pegué un bote del asiento, sólo faltaba una página, la última, como la última en todas las casas del mundo donde millones de hijos de mamás sordas que contemplaban el final del último capitulo de "Flor de otoño" lloraban amargamente y agotaban aquel cuenco gigantesco de palomitas. Un grito, en el primero, en el segundo, en el tercer piso. Yo vivía en el cuarto y último. El mismo que pegué yo. De la foto había desaparecido Paco. Paco, que había saltado sobre el cuerpo agotado de Boris tras la persecución. Por la espalda. Tras descubrir que aquél que le había acosado horas antes se escondía tras aquel nombre, tras aquel físico, dentro de aquel cuadro, de aquella noche en la que yo le dije a Boris, ahí te quedas, nunca te quise y a Paco le quiero un poquitín, fue una mierda mientras duró, pero me aproveché de ti. Hija mía, mira que eres dura con el pobre de Boris, sobre todo ahora que necesita todas sus fuerzas para defenderse de Paco. Me callé, seguí leyendo, pocas lineas hasta el final, apenas quince. Segundos para que todas las mamás del mundo sufrieran el mayor impacto de sus dolorosas vidas al descubrir que el final de "Flor de otoño" acababa en tragedia. ¡No puede ser! Apenas tuvo tiempo Boris de reaccionar cuando la nariz aguileña le había clavado un cuchillo en el cuello, desplomándose al instante. Al igual que de la foto, al igual que de la pantalla de la tele, al igual que del libro, manaba sangre por todas partes. Sólo una frase tuvo tiempo de decir aquel pobre desgraciado que me acompañó durante los últimos años, ¡qué hija de puta eres Cristina! Te has pasado yerno, que soy una santa, de hecho mañana mismo me muero y voy al cielo, seguro que tú no pasar del infierno. ¡Pobre mamá, que razón tenía!

Nada más terminar el libro, nada más deshacerme de mi novio definitivamente y de Paco, que terminaría seguramente una larga temporada a la sombra, mientras todos los hijos de todas las mamás sordas del mundo, que se preparaban una tila con valeriana para soportar una noche de derrota por el final desdichado de "Flor de otoño", cerrábamos nuestros libros y apagábamos todas las luces de todas las casas del mundo. Y la cantata 147 de J.S. Bach sonaba a modo de epílogo en el fondo de todos nuestros corazones. ¡Puta, vaya historia te has inventado a mi costa! ¡Lo siento Boris, cariño!

servido por jose 14 comentarios compártelo

14 comentarios · Escribe aquí tu comentario

jose

jose dijo

expresa cuanto quieras, pero una curiosidad... cuando escribi flor de otoño se lo dedique a una Sonia...

10 Julio 2007 | 10:44 AM

Sònia

Sònia dijo

A mi me gusta ver como recorre las calles de una barcelona gótica mientras allá en la calle llueve, se moja el pelo, se enreda entre sus dedos cuando trata de apartarlo de su carita, pero sonríe porque sabe lo que va a suceder....
A través de aquellos cristales lo vé
Ese baúl hermoso
Y lo quiere....
No para poseerlo sino para saber
Te invito a continuar

10 Julio 2007 | 12:31 PM

jose

jose dijo

se que estas por ahi, deambulando, solitaria, escondiendote, volviendo a aparecer

10 Julio 2007 | 12:38 PM

jose

jose dijo

acepto tu propuesta... aqui o abro un espacio diferente?

10 Julio 2007 | 12:39 PM

Sònia

Sònia dijo

Si me ayudas.....
Abre un espacio

10 Julio 2007 | 12:41 PM

jose

jose dijo

sonia entra en www.lacoctelera.com/nuestroespacioencomun

te invito a seguir la historia conmigo

10 Julio 2007 | 12:48 PM

Sònia

Sònia dijo

Hice un blog llamado pistas
Si te va bien, me dices que te parece

10 Julio 2007 | 01:00 PM

jose

jose dijo

dime un nombre y abro un espacio para los dos

10 Julio 2007 | 01:10 PM

Sònia

Sònia dijo

Hagamóslo

10 Julio 2007 | 01:21 PM

jose

jose dijo

sonia dime el nombre entero que por pistas no encuentro nada...

dime un nombre para nuestro espacio: www.lacoctelera.com/.....

10 Julio 2007 | 01:24 PM

Sònia

Sònia dijo

Veo que no te ha gustado!
El nombre es Hagamóslo!
No sé en vino a la cabeza porque es algo que ella quiere hacer, la protagonista.

10 Julio 2007 | 04:07 PM

Sònia

Sònia dijo

www.lacoctelera.com/sigo-la-corriente

Pero esta historia de momento me gustaria que quedase así....
Mejor empezar otra...la de la chica en la lluvia...creo que va más contigo y podemos hacer algo buieno

10 Julio 2007 | 04:12 PM

jose

jose dijo

sonia tenemos un blog
www.lacoctelera.com/sigolacorriente

empieza la historia y añade perfil tu

podrias poner foto tuya y yo pongo la mia????

un besito

la contraseña de acceso es
usuario: sigolacorriente
contraseña: sonia

10 Julio 2007 | 07:53 PM

Sònia

Sònia dijo

Te vas a reir!!!!!!
Empieza tú con la primera palabra, por favor!

11 Julio 2007 | 09:22 AM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de jose

EL MUNDO DE LAS QUIMERAS

jerez de la frontera, España
ver perfil »
contacto »
Sorel es Jose o Boris. Unos años... Pero joven para siempre... Del sur. Escritor, cinéfilo y cineasta... Siempre Paris... Y escribo: "Una cardenalicia vestimenta Letras con voz desgarrada Una primavera que sabe a verano Un tren que depara encuentro Un beso y un paseo Ciudad desconocida que es hoy la mía Alba de tu mirada y de tu sonrisa De tus labios que besan De tu cuerpo que acoge De todo lo que nos une A pesar del negro de tu pelo De la oscuridad de tu piel De las tinieblas del pasado Hoy olvidado construyendo Un Blanca con mi nombre que Es resaca de escocés Del que disfrutamos desde entonces Que me acogiste en tu casa Mostrándome el fruto bendito de tu vientre... Lucía... sorelenamoradoderenal@yahoo.es Contador Gratis
contadores gratis

Fotos

jose acevedo todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Categorías

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera