Hoy cumplo años... Estoy trabajando... No podía dejar pasar este día sin decir nada nuevo, por poco que sea... Y continúo escribiendo entre cientos y miles de papeles que no son míos:
Y mientras tanto mi noche en vela se hace sueños… Despertar sin haber pegado ojo… Mas que desadormecerme incorporarme de la cama solitaria. Asearme sin perder un minuto de esas legañas espantosas que casi impiden ver ante un espejo que sigue devolviendo una imagen monstruosa de mí mismo, que sólo puedo ver yo, que sólo vosotros podéis imaginar, que sólo tú puedes construir a base de no sé cuál arquetipo… Y en la penumbra de un apartamento sin más aire que mi propia respiración pestilente, vestirme de frío para combatirlo en una calle que debe estar desvelándose de las pesadillas de su pasado reciente… Y me lanzo escaleras abajo dejando atrás mi despoblamiento acostumbrado desde que un día, no hace mucho que digamos, un jueves 1 de febrero empezaste a escribir la historia de un profesor de literatura que dos días después dejaba de serlo para no ser más que un aventurero en busca de anhelos que nunca llegaron a hacerse reales en tu vida proyectados sobre mí… Que poco te quieres entonces, puedo pensar… Porque bien podrías haber ideado un personaje afortunado ideando historias en su mansarda de la plaza de los Vosgues mientras su amante preciosa le espera ansiosa sobre la cama… Pero no… Y ahora que me lanzo a la ventura, no sé si con voluntad propia o impropia, temo un nuevo vacío indefinido, caminos que no conducen a ninguna parte, al regreso a la penumbra de un apartamento sin más aire que mi propia respiración pestilente… Y frío en la calle. Y trabajadores adecentando sus puestos de frutas y verduras sobre la acera…